6.6.13
Cambiar de ruta: los motivos del lobo.
21.1.11
Lo socialmente útil: licenciaturas vs. licenciados
¿Qué define lo socialmente útil? Me imagino que no faltará quien sugiera que los literatos, los historiadores, los diseñadores, los artistas plásticos y otras profesiones relacionadas con sociales y humanidades o con áreas creativas recibirán taches, por ser "improductivas". En este caso, estamos asimilando la capacidad de ser contratado por una empresa a la posibilidad de hacer algo por el país (error por demás simplista que ya cometió Carlos Mota en su tristísima columna en el periódico Milenio).
Evidentemente, esta perspectiva ignora la posibilidad de que el pensamiento crítico, el análisis de escenarios sociales, la preservación de la memoria, la creación artística, sean socialmente útiles y necesarios, porque "no tienen cabida" en corporaciones "productivas". No creo que sea necesario aclarar que estoy profundamente en contra de esta posición.
Dentro del mismo foro que ya mencioné, leí el ya muy planteado punto de vista de "hay demasiados contadores, abogados, etcétera" (yo añadiría 'administradores de empresas', a título totalmente personal y en plan un poco sarcástico), y sin embargo no me parece que la contaduría, la administración o la abogacía sean "socialmente inútiles". Hay conocimientos especializados que sólo quien estudia estas licenciaturas posee. Aunque haya muchísimos contadores, yo no soy capaz de presentar mi propia declaración de impuestos, ni sería capaz de andar por la vida sin asesoría legal, o trataría de sacarme yo misma una muela. De cualquier modo, tampoco podemos negar la triste realidad de los contadores, administradores, médicos, abogados y demás que acaban dedicados a actividades sin relación alguna con su formación profesional.
Mi punto de vista es que hablar de "licenciaturas socialmente inútiles" es un mero distractor. ¿A qué me refiero? A que cuando le atribuimos a la licenciatura la poca relevancia para la sociedad, estamos evitando hablar de temas más importantes, relacionados con temas ajenos a la licenciatura:
1. La tristísima preparación académica con la que los alumnos pueden llegar a licenciatura (he visto redacciones carentes de cualquier tipo de lógica y coherencia hechas por chicos que parecen bastante listos, y la capacidad de comprensión de lectura, o de razonamiento abstracto cada vez menor) y que imposibilita que tengamos licenciados verdaderamente funcionales;
2. La pésima orientación vocacional que suelen recibir los estudiantes, que ha generado sobreoferta de profesiones "tradicionales" y desconocimiento profundo tanto de los alcances de licenciaturas no tan tradicionales como de las nuevas ofertas académicas que podrían ser más necesarias.
Entonces: más que estar hablando de "desaparecer" licenciaturas, creo que deberíamos discutir cómo generar mejores licenciados. Evidentemente, un joven que llega a la universidad con una capacidad de abstracción nula, baja comprensión de lectura, incapacidad para redactar un texto con mínima coherencia y dificultades para el pensamiento lógico, difícilmente será un licenciado socialmente útil, estudie lo que estudie.
En resumen: no hay licenciaturas inútiles, hay demasiada gente estudiando carreras no adecuadas para sus capacidades, y con una formación deficiente desde la educación básica.
26.5.09
Publicaciones virtuales y privacidad
En estos días tuve una plática bien interesante con algunos amigos, y creo que el tema está perfecto para hablarlo acá. Nuestro tema obsesivo tenía que ver con la línea que divide privacidad y persona pública, y dónde está el punto de diferenciación entre uno y otro.
Descubrí (con algo de sorpresa) que la gente tiende a creer que las cosas que escribe en sus sitios de internet son información privada, mientras que yo estaba (y estoy) convencida de que todo lo que está en el internet se transforma en información pública.
La esencia de mi argumento era, precisamente, la palabra publicar: hacer público algo. Aunque estoy consciente de que existen ciertos niveles de privacidad en la red, lo cierto es que la información que colocamos en línea es suceptible de que otros la vean y, en muchísimos caos, que la asocien con nosotros.
Alguno de los amigos argumentaba: es que tu estatus de facebook o tu blog son el equivalente de un diario, y puedes escribir lo que quieras en ellos. La otra postura era, por supuesto, que no es un diario: tu diario está escondido en un cajón o guardado debajo de la almohada (y, opcionalente, mojado con tu llanto), mientras que el internet le da visibilidad a esos mismos pensamientos.
Es asombroso descubrir que esta dimensión pública de internet puede desaparecer con tanta facilidad de la mente de las personas. ¿A qué se debe? No estoy muy segura. Supondría que tiene que ver con la perfecta integración con la vida cotidiana que ha logrado este tipo de tecnologías de la información y la comunicación: se ha vuelto super cotidiano entrar a un sitio, colocar nuestras ideas en él y después de realizado el desahogo/expresión/chiste privado, esperar las reacciones de los amigos, o simplemente olvidar que se escribió.
El problema no es compartir información con los amigos: más bien tiene que ver con qué tipo de contenidos están al alcance de qué tipo de personas. Internet no es sólo un sitio en dónde guardar nuestros oscuros pensamientos, sino (ante todo) un medio de comunicación. El problema es que, a diferencia de las anotaciones en la parte de atrás de nuestra libreta, de los papelitos que se pasaban de mano en mano en los salones de clase o de las pláticas en privado con nuestros amigos cercanos, cualquier cosa que escribimos en un sitio público puede ser (y seguramente será) visto por más personas.
Ya tiene algunos meses que se publicó esta nota, en la que se demuestra el potencial público de las redes sociales. Y es que en el nombre llevan la penitencia: esto sitios están hechos para conectar a unas personas con otras, para permitir la interacción social. Por lo tanto, siguiendo la teoría de los dichosos seis grados, siempre puedes estar a una distancia ridículamente corta de gente que no debería estar leyendo lo que escribes.
Quiero que también quede claro que en ningún momento he dicho que esté de acuerdo con tomar represalias con la gente por aquello que escribe en sus sitios (por ejemplo, el caso de la nota que comentaba un poco más arriba me parece una sobreactuación de la empresa: cualquier pasante se aburre en su primer trabajo); sin embargo, sí estoy de acuerdo en mantener la prudencia con respecto a lo que se escribe en un sitio publico, por un concepto verdaderamente simple: responsabilidad. Al hacer público algo, debemos también responder por aquello que digamos. Es uno de los principios más básicos y olvidados entre todos aquellos que usamos los medios alternativos. No me refiero a autocensurarse, sino a estar dispuestos a respaldar nuestros dichos bajo cualquier circunstancia, tengan las consecuencias que tengan. Y si no las tienen, felices nosotros...
21.3.09
Innovación y crisis económica
Los negocios ya no pueden sobrevivir haciendo lo mismo, eso lo sabe —casi— cualquiera. Sin embargo, todos conocemos marcas, productos y servicios que se siguen planteando la vida como si todo fuera exactamente igual que cuando pusieron la primera piedra de la torre Latinoamericana (uno de los primeros grandes símbolos de modernidad en nuestro país, vaya que sí).
Uno de los factores más importantes en el nuevo entorno (algo que yo veo constantemente en mi trabajo de lunes a viernes) es precisamente la rapidez con la que todo cambia actualmente. Las empresas que saben hacer las cosas de una manera sólida y estable de pronto se encuentran con la sorpresa de tener que modificar todas sus perspectivas sobre como manejar su negocio, quiénes son sus consumidores, cómo se relacionan con las marcas, qué los mueve y qué los desmotiva. En suma, nos encontramos en un entorno líquido, donde todo se modifica a una velocidad mucho mayor de la que podemos imaginar. Diría Zygmunt Bauman que estamos a merced de la sociedad líquida, donde no podemos aferrarnos a nada, porque corremos el riesgo de quedarnos atrás.
Los nuevos negocios, por lo tanto, serán líquidos o no serán. Las marcas tienen que ser capaces de adaptar sus ideas de tal manera que resulten atractivas para un público firmemente plantado en la posmodernidad, que no puede concebir su identidad si no es a través de la multiplicidad de acciones/reacciones/actividades que lo definen. Por ejemplo, las marcas que se definen como chic y trendy en una temporada, a los 6 meses pueden haber dejado de estar en el candelero. Las tiendas que mas se visitan hoy, pueden no existir en 1 año.
La incertidumbre económica no hace sino acentuar estas características. Deja de haber espacio para los lentos, los indecisos. En una economía inestable, sólo los rápidos, los que no le temen a abrazar el cambio, los que han puesto todo el valor en sus ideas, más que en sus activos tangibles, son los que mejores perspectivas de supervivencia tienen.
Claro que creo en los límites del pensamiento radical: creo que la especialización es buena, pero siempre hay que estar listos para modificar la perspectiva desde la que la entendemos. Por ejemplo: tiene que quedarme claro como proveedor de servicios en esta nueva economía, que yo me dedico a brindar soluciones visuales en impresos, más que a volverme un especialista en offset. Si el offset desapareciera, yo también; mientras que con la primera opción, siempre puedo volver a ampliar mis perspectivas hacia otros horizontes. No podemos, pues, perder de vista los elementos que pueden hacernos permanecer y las ideas que, mal asumidas, pueden dejarnos obsoletos.
El cambio produce miedo, incomodidad, incertidumbre. Es el entorno perfecto para los fuertes de espíritu, para quienes disfrutan subirse a la montaña rusa de la innovación y quieren seguirse preguntando: “¿Qué otra cosa puedo hacer?” y “¿Cómo puedo hacer eso de una forma distinta y mejor?”. El juego en esta época es la eficiencia, la novedad, la fe absoluta en el capital humano (siempre ha sido el activo más importante en las empresas, sólo que no lo ven) y la capacidad de poner ideas nuevas en práctica y dejar que ellas guíen nuestro negocio.
9.3.09
Algunos materiales para estirar el cerebro
Así como el socio Albanner es nuestro especialista proveedor de películas (y me parece maravilloso que siga subiendo los ensayos de la maestría... Voto por que hagamos pequeños posts explicando nuestros temas de tesis, para incrementar el índice de ñoñería), he decidido compartir algunas bibliografías que me gustan, he ido encontrando por ahí o nada más he comprado últimamente con la intención de leerlas algún día porque los temas suenan bien y le intersan a mis obsesiones. Van:
- Branding emocional, de Marc Gobé; Divine Egg publicaciones, Barcelona, 2005.
- Anatomía de una tendencia, de Henrik Vejlgaard; McGraw Hill, México, 2008.
- Investigación cualitativa, de Juan Báez y Pérez de Tudela; ESIC, Madrid (no encuentro el año de publicación).
- El código cultural, de Clotaire Rapaille; Norma, México, 2007
- Ir de compras: una teoría, de Daniel Miller; Siglo XXI, México, 1999
- Cultura RAM, de José Luis Brea; Gedisa, Barcelona, 2007
Por supuesto, no son todos. Por supuesto, después iré trabajando en reseñarlos en una línea, para que sepan a qué le tiran si los quieren leer o el título les suena.
Por lo pronto, aquí están. Ya después subiré los ensayos que vayamos escribiendo (copiando la idea de Albanner, ja)
17.1.09
La nueva conformación de la sociedad con la tecnología omnipresente de internet.
Desde la existencia de la Wikipedia (esa enciclopedia que parece compendiar todo lo que puede causar curiosidad en el universo) hasta las múltiples páginas gestionadas por usuarios en donde se comparte información inimaginable: todo aquello que nos preguntamos (desde la estructura interna de la célula y las más recientes teorías atómicas o cuánticas, hasta la última dieta de Paris Hilton) y lo que nunca creímos que se pudiera preguntar.
El acceso a tanta información ha generado una sociedad más curiosa, aunque no necesariamente mejor informada. En general, la gente confía en lo que se encuentra en internet con bastante facilidad, y la experiencia nos muestra que la mayoría de los usuarios se quedará con alguna de las 3 primeras páginas que aparezcan en un buscador con respecto al tema que le interesa. De esta forma, la máxima autoridad no es quien más sabe del tema, sino quien mejor SEO tiene.
Otro de los elementos a tener en cuenta al hablar de la dinámica social que motiva el internet es, por supuesto, las redes sociales. Aunque ya hablamos de ellas en un artículo anterior, podemos retomar el concepto de ágora o plaza central del pueblo para referirnos a las funciones que cubren estos sitios: ver, ser visto, compartir información, reunirse a jugar, intercambiar objetos y en general conocer a los amigos de los amigos; pero también promover productos, servicios, causas sociales, fundaciones, ideologías e ideas.
No es necesario ya hacer hincapié en la forma en la que estas dinámicas influyen en los jóvenes: desde los más aislados hasta los más sociables se encuentran igualmente inmersos en estos lugares, buscan de las mismas maneras, esperan más o menos lo mismo de la web.
Internet es más que una herramienta, es el verdadero origen del infotainment y de la idea del espectáculo como algo sostenido. Aunque ya hablamos sobre el triunfo del internet sobre la televisión, sería importante aquí aventurar algunas hipótesis de las razones por las cuales ocurre esto.
Internet ha permitido que el público no sólo sea un receptor de información, sino que genere sus propios contenidos a su antojo. De ser sólo recs, han pasado a ser emirecs, receptores y emisores a la vez. Esta modalidad estimula el interés por los contenidos de una manera mucho más eficaz, ya que cualquier cosa que pueda hacerse, puede mejorarse.
Esto también ha acrecentado la noción de que la esfera privada puede (y debe) volverse pública. De ahí el triunfo de los weblogs personales por sobre los repositorios de información, y de los perfiles de redes sociales por sobre los weblogs personales.
Otra de las nociones que se han acrecentado en la sociedad a causa de estas tendencias es la sensación de que la información es, ante todo, efímera. En un mundo en donde las enciclopedias pueden ser modificadas por cualquiera que tenga conocimientos sobre el tema, no existe nada fijo e inmutable, excepto el cambio (cosa que sin duda asustaría al mismo Heráclito de Éfeso), y aún eso está en tela de juicio. De ahí el interés que ha cobrado el microblogging: un post es un espacio demasiado largo como para llenarlo antes de que las circunstancias se modifiquen: el blog ha muerto, viva el Twitter.
En fin. La humanidad ha visto más cosas en los últimos 100 años de las que había visto, acumuladas, en toda la historia de la humanidad. Es de entenderse por qué tenemos todos esa sensación de vivir en un mundo inaprensible por los métodos tradicionales, un planeta en el que para seguir igual hay que mantenerse en movimiento. Los ciudadanos de internet están en todas partes y en ninguna, son capaces de generar no sólo lo que desean ver, sino las repúblicas que los gobiernen sin un territorio fijo (Sealand, Virtuania, Lizbekistan… ).
Internet por si mismo no está cambiando a la sociedad: la sociedad genera al internet, y ambos se retroalimentan mutuamente y se modifican una y otra vez. La tecnología, desde siempre, ha modificado a quienes la usan; genera sus propias necesidades, pero también ha de adaptarse a las necesidades intrínsecas de quienes la utilizan. Internet es, pues, lo que los usuarios quieren hacer de él y de su sociedad, todo en uno.
El uso de la tecnología por niños y jóvenes
De acuerdo con un estudio realizado en España por la organización red.es y publicado en el periódico El País, la proporción de hogares con niños que tienen un alto nivel de equipamiento tecnológico es de 40.8%, mientras que en hogares sin niños se sitúa en 31.7%. Esto indica que los niños y jóvenes resultan un impulso tecnológico dentro de sus hogares, probablemente debido a que son mucho más curiosos con respecto a nuevas tecnologías que los adultos, además de familiarizarse mucho más rápido con ellas.
Para los niños y jóvenes, este temprano contacto con la tecnología tiene importantes consecuencias (y no sólo nos referimos con ello al incremento en la agilidad de sus pulgares): mientras más temprano se integre una persona al uso de nuevas tecnologías y desarrolle sus habilidades en este campo, más fácil le será acceder a los próximos avances.
De hecho, la verdadera brecha digital de la que hablamos ya no sólo existe entre los niveles sociales altos medios y los bajos; la más profunda se encuentra entre los que adoptan las tecnologías en forma temprana, y los que llegan más tarde en su vida a ellas. Pensemos en las diferencias de la curva de aprendizaje para utilizar un equipo electrónico cualquiera entre un niño de 8 años, su padre de 30 y su abuelo de 60: mientras el padre necesitará leer el instructivo, al niño le bastarán un par de tardes en contacto con el aparato para comprender las funciones casi totalmente; por su parte, el abuelo probablemente pase por una cuota bastante alta de frustración antes de lograr dominar las funciones más básicas.
Queda claro que quienes tienen acceso a las tecnologías más temprano aprenden a aprovecharlas mejor, pero ¿toda esta tecnología no estará resultando perjudicial? Es un hecho que, desde siempre, se ha venido hablando de los efectos nocivos de los videojuegos: la posibilidad de que alteren la percepción de realidad en sus usuarios y los hagan más pasivos, incapaces de diferenciar el bien del mal, la verdad del juego, lo posible de lo imaginario… inclusive se les ha vinculado con los comportamientos violentos de las nuevas generaciones (y los casos extremos, como las masacres de estudiantes en diversas escuelas de Estados Unidos).
Sin embargo, nuevos estudios han demostrado la capacidad de los videojuegos para mejorarla interacción de quien los juega con la realidad: mejores reflejos, mejor capacidad para comprender la información visual compleja, e inclusive el beneficio de su uso como simuladores de entrenamiento para pilotos y cirujanos. De esta forma, la posibilidad de confundir virtualidad y realidad se transforma en volver a lo virtual el campo de pruebas de la realidad.
Además, internet representa una dinámica totalmente nueva en el consumo de medios. En el año 2001 había en México 7 millones de usuarios de Internet; para el año 2007 la cifra ya había crecido hasta 20 millones. Este medio cuenta con características dicotómicas, como bien señala Giovanni Sartori en su obra Homo videns: si bien permite el uso como medio de conocimiento, sus características lo hacen también ideal como entretenimiento. Un entretenimiento, además, distinto de la televisión: si bien ésta debe ofrecer productos de masa, capaces de llegar a un público cautivo muy numeroso, internet proporciona productos infinitos, a medida de diferentes intereses.
Este punto queda confirmado si atendemos al estudio global realizado por Nickelodeon, MTV y Microsoft, en el que sólo 20 por ciento de los jóvenes entre 14 y 24 años admitió su interés por la televisión. Estas nuevas generaciones están acostumbradas a los cambios rápidos y los contenidos dinámicos de la web, lo que en realidad ha puesto a la televisión a temblar: prueba de ello son los diversos segmentos de programas de revista, que ahora incluyen “los videos más divertidos de internet”. De esta manera, ocurre un cruce de información entre pantallas que más bien tiende a empobrecer los contenidos de ambos lugares. Pero la influencia de internet es tema que da para un artículo aparte, que será el cuarto y último de la serie.
Según el mismo estudio, el joven promedio tiene 94 números de teléfono en móvil, 78 personas en su lista de amigos en un sistema de mensajería y 86 personas en su comunidad virtual. ¿Alguna vez habíamos tenido una visión tan clara sobre el inventario de contactos de una persona común y corriente? Es casi seguro que, de habérsele preguntado a los jóvenes de hace un par de décadas cuántas personas conocían, la respuesta no habría superado los 60 en promedio (considerando que, entre los jóvenes actuales que conozco, la mayoría supera fácilmente los 200 contactos en sus comunidades virtuales).
¿Qué tan profunda es la relación que tienen con estos contactos? Seguramente variada, probablemente superficial con la mayoría. Lo cierto es que, desde los tiempos de los abuelos, “los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de una mano”… y ahora los jóvenes los despliegan en una ventana especial del Facebook.